El Príncipe

Vamos a ver, yo me estaba refiriendo sencillamente a tu afirmación de que a Griezmann se le espera en la Champions. Pues se le esperaría, pero e sun jugador que ya la ah roto en Champions, así como en la Euro. Yo hablaba de fútbol, nada más. Luego, eso de que no se ha ganado la Europa League… pues ok, otros tampoco ganan la Champions, entonces, por el nivel de su rival en la final. Sería una rgumento ridículo. En cuanto a lo de los millones, no sé si es en serio. Entonces el PSG tiene a uno de 150 y otro de 300, el Madrid ni entro, el Barcelona ídem…
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“Hombre asi en principio no se puede decir que sea floja. ”
Yo no he dicho eso tampoco. No sé, es como si no contestaras a mi comentario, aunque pone que me respondías a mí. Repito que, en cualquier caso, yo respondía a lo de Griezmann, que parecía insinuar que su nivel lo mostró por estar en la EL, cuando ha hecho más en Europa que muchos antes de sus 30 años, nada más.
El partido de Antoine Griezmann es para verlo varias veces repetido. El Atlético de Madrid conquistó anoche en Lyon su tercera UEFA Europa League en los últimos ocho años, y lo consiguió, en gran parte, gracias a la memorable actuación de su número 7. A partir del minuto veinte, cuando él mismo aprovechó un error en la salida del Marsella para hacer el primero, el francés agarró el encuentro y no lo soltó hasta que, después de hacer el segundo e intervenir también en el 0-3 definitivo, pidió el cambio para que Torres tuviese su momento para el recuerdo. Hasta en eso acertó Griezmann; que en lo futbolístico, tras bordar prácticamente todos sus guarismos, demostró –junto a Gabi, Saúl, Koke, Godín o Lucas- por qué el Atlético era, desde que cayó de la Champions, el gran favorito para ganar este torneo.
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A lo largo de los noventa minutos, el encuentro dibujó hasta tres escenarios muy distintos. El primero, indudablemente, fue del OM, que entró al partido con tal vehemencia que llegó a sorprender incluso a quien, normalmente, menos duda ante este tipo de escenografías. El segundo, por la manera en la que llegó, entre el gol y la posterior lesión de Payet, golpeó duramente al equipo francés. Y el tercero, a la vuelta de los vestuarios, fue, de principio a fin, propiedad del Atlético y responsabilidad de Griezmann. El delantero rojiblanco abandonó el campo con un doblete bajo el brazo (en sus únicos dos disparos a puerta), completó un total de 43 pases (con un 88% de acierto), tocó el balón hasta en 65 ocasiones (más que Costa, Saúl y Gabi) y ganó dos tackles. Pero lo más importante de todo este batiburrillo algebraico fue el cómo, dónde y cuándo consiguió aplicarlo Antoine Griezmann. Él cambió el encuentro.
De primeras dadas, la entrada de Zambo Anguissa fue toda una declaración de intenciones. El futbolista africano, que le ganó el pulso a Maxime Lopez por un puesto en el once titular, hizo imperar su físico desde bien temprano.