Xabi Prieto

Todos los jugadores y aficionados que se identifican con Xabi Prieto saben por qué. Reconocen pertenecer a un lugar en el que se ubica su toque, su andar y su juego. No necesitan rememorar o repasar el porqué eso ocurre con él y otros jugadores, pero es innegable que lo desprendido por su indudable calidad siempre se escribió con tinta indeleble. Y lo hizo, principalmente, con el paso del tiempo. El fútbol de Xabi comenzó a tener su correspondiente trascendencia cuando paso a ser quien dosificaba los tiempos de la jugada; cuando se vio rodeado de juventud, ímpetu y derroche físico. Su plenitud se entendió y cobró valor supremo cuando gozó, a su alrededor, de la plenitud física y competitiva de los que estaban llegando. Ahí, Xabi se convirtió en el profesor de la Real Sociedad, una lección de orden y pausa para los proyectos más estimulantes que le tocó vivir a Donosti y a Anoeta.
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El fútbol, principalmente el más reciente pero en general, necesita un momento en el que los equipos se detienen. Ese momento suele tener un representante, que va a parar las jugadas en multitud de instantes dentro de un partido. Lo que sí ha logrado el fútbol más moderno para distanciarse de su pasado, es que esa función ya no recae en una sola figura, normalmente la de un centrocampista, sino que puede verse reflejada en muchas demarcaciones. Hoy en día, dicha misión puede corresponder a uno o a varios jugadores al mismo tiempo, seguramente no con la misma relevancia en todos ellos, pero la jugada puede descansar y reordenarse en un delantero centro -Benzema, Firmino-, en un centrocampista -Xavi, Kroos-, en hombres de banda -Isco, Iniesta-, o incluso en laterales -Filipe Luis, Philip Lahm-. Y en la Real Sociedad, hubo un momento en la carrera de Xabi Prieto en la que todo eso cobró sentido. No sólo la idea en sí, sino la figura del ’10’ donostiarra.
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Su fútbol se ubicó siempre entre líneas, justamente la zona del campo donde el engaño dispone de más potencial para ser protagonista. Y en esa zona se vio a Xabi Prieto en dos roles bien diferentes. El primero, de mediapunta, de clásico ’10’. Allí, Xabi interpretó la posición como necesitaba su equipo. La Real ha conformado colectivos recientes que han manejado dos registros, tanto por separado como yuxtapuestos. Un pase de seguridad en salida de balón y un contragolpe y un juego de transiciones de enorme vértigo. Y como los que juegan bien rara vez entorpecen ni molestan al juego, aunque Prieto fuese lento de talones para correr, la madurez y el tempo compensaban y aportaban lo que su equipo demandaba de su enlace. Fue en la banda donde, no obstante, más ordenó a los suyos. Aparentemente desviado del epicentro del juego, allí nació el Xabi Prieto más distinguido.
Porque allí es donde mejor se ordenó el equipo, donde Xabi fue el mejor Xabi. Rondando y pasando los 30, Prieto tenía un sentido propio y valoradísimo en los sistemas de la Real. Si con Montanier fue la pausa del contragolpe o de un ritmo más alto, con Eusebiofue el orden de cada automatismo.